TODO IRÁ BIEN
Niño pobre. Niño idiota
Barcelona necesita volver a organizarse alrededor de una idea valiosa
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Barcelona necesita un revulsivo. La idea se estaba trabajando hacía más de un año pero los desastrosos resultados del Informe Pisa la han acabado de activar. Barcelona necesita que sus familias ricas retomen la iniciativa y vuelvan a ser burguesía. Hay acuerdo en que la ... reconstrucción educativa es lo más esencial y urgente y se llevará a cabo desde una fundación naturalmente católica y de momento privada y consistirá en rescatar a los niños pobres del siniestro y desolado agujero de la enseñanza pública para acogerlos –en todas las dimensiones de la palabra– en las buenas escuelas de la ciudad, privadas o concertadas. Se empezará con pocos alumnos hasta convertirlo en el modelo Barcelona de enseñanza.
Mi ciudad ha de volver a lo de siempre: iniciativa privada contra la desidia pública. Una desidia de la que habíamos culpado a Madrid pero que desde el 'procés' ya no es desidia sino una catástrofe deliberada y provocada por el fanatismo, la ignorancia y la maldad de los políticos independentistas. Ellos han creado esta telaraña de vulgaridad, impotencia y asco, contraria a la exigencia intelectual, sin tensión trascendente y que ha convertido a los niños catalanes en tontos de remate. Hoy en España no hay nada más tonto que un niño catalán. Algunos son mis amigos. No se imaginan el trabajo y el dinero que me cuesta conseguir que vuelvan a pensar.
Un niño pobre que va al Abat Oliba o al Col·legi Montserrat ya no es un niño pobre sino un niño del Abat o del Montserrat. A la vez, un niño de San Ignacio o de Aula que acoja a un niño de familia rota y sin recursos, y por lo tanto se haga cargo de su terrible situación, tiene mucho más difícil acabar siendo un cretino cocainómano y desalmado como actualmente son la mayoría de los hijos de las familias ricas de Barcelona, ricas de sólo dinero porque han perdido el sentido, la misión. No saben qué han venido a hacer y por eso permiten que sus hijos sean unos estúpidos, unos horteras de marcas obvias, restaurantes que son una parodia del lujo y además unos drogadictos.
Es un estupro lo que la enseñanza pública ha hecho a los niños catalanes pobres. Hay que ser miserable. Es mucho peor que la desnutrición. Les ha robado algo más urgente que el pan, que es la esperanza. Barcelona necesita que sus ricos lideren la ciudad y lo hagan uniendo a todos bajo una idea con la que podamos volver a gustarnos y prestarle algo de luz al mundo. Lo hicimos con el Modernismo y los Juegos Olímpicos. Hay que superar el atraso público y la pasividad privada. Barcelona necesita volver a organizarse alrededor de una idea valiosa, de un propósito que la ennoblezca. Siempre de vez en cuando necesitamos pedir perdón y volver a empezar. Por eso mi ciudad tan pequeña tiene dos templos expiatorios. Complaceremos a Dios igualmente con la catedral que ha de ser un sistema educativo basado en la generosidad, la compasión, la oportunidad y la exigencia que dan sus frutos para todos.
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